Redacta con claridad qué quieres explorar, qué herramientas dominas y por qué la montaña importa para tu proceso. Incluye cronograma honesto, necesidades técnicas, ejemplos de obras comparables y referencias que hablen de tu ética de trabajo. Revisa ortografía, legibilidad, imágenes nítidas y créditos precisos. Ensaya tu pitch con amistades del oficio, ajusta, simplifica, y demuestra que podrás aportar al lugar tanto como construirás sobre su generosa hospitalidad.
Selecciona proyectos que muestren evolución: del boceto al acabado. Indica materiales, tiempos y decisiones clave. Incluye detalles cercanos de cortes, un par de errores bien explicados y soluciones implementadas. Evita saturación visual: pocas imágenes, claras, con luz lateral que revele superficie. Si registras sonido del golpe, mejor todavía. Un portafolio honesto convence más que uno espectacular; cuenta tu proceso con calma y deja espacio para preguntas.
Comenta qué técnicas te funcionan en frío, qué acabados resisten mejor granizo, o cómo organizas pausas de afilado. Suscríbete para recibir historias de taller, guías descargables y convocatorias abiertas. Responde a otras personas con cuidado, ofrece referencias, propone colaboraciones. Si ya estuviste en una residencia, vuelve con aprendizajes y dudas nuevas. La comunidad crece cuando la experiencia se vuelve puente, invitación y mapa compartido para quienes siguen.